la bronca del azteca 1983

La Batalla del Azteca: la tarde en que Chivas silenció al América, 22 de mayo de 1983

El 22 de mayo de 1983, en el coloso de Santa Úrsula, Chivas derrotó 3-0 al América en la vuelta de la semifinal de la Primera División 1982-83, en el imponente Estadio Azteca, para consumar una remontada histórica y avanzar a la final con global de 4-2. Esa noche, ante más de cien mil gargantas, miles de los amarillas se quedaron sin voz y miles de rojiblancas aprendieron lo que significa conquistar territorio enemigo.


Gómez Junco 1983 ame vs chivas
Roberto Gómez Junco disputa una pelota con oficio. Foto: cortesía de chivaspasion.bolavip.com

El preludio: el líder contra el orgullo

América llegaba con la etiqueta de líder general, poderoso, confiado, casi imperial. El 2-1 conseguido en la ida parecía una muralla suficiente. El Azteca era su fortaleza. Su escenario, su reino.

Guadalajara no viajó a la capital como víctima. Viajó con memoria. Con rabia. Con esa convicción silenciosa que sólo tienen los equipos que se saben capaces de incendiar la historia.

Desde el primer silbatazo el partido fue un combate. No había balón dividido que no terminara en choque. No había jugada inocente. Cada roce tenía historia detrás. Cada mirada llevaba décadas de rivalidad acumulada.


el marco de la semifinal vuelta 1982 1983
El marco aquella tarde fue esplendoroso, un Azteca abarrotado, cuando le cabían 114 mil aficionados. Foto: cortesía de amp.milenio.com

El primer rugido: “Snoopy” rompe el silencio

El reloj agonizaba rumbo al descanso, 45+1, cuando cayó el primer martillazo. Una pelota que por arriba, en la media luna, Jaime Pajarito saltaba, le ganaba la posición a Javier Aguirre y el balón, con la cabeza se lo cedía a José “Pelón” Gutiérrez, quien justo en el vértice izquierdo del área penal o área grande, amagaba gambeta a Bacas y en seguida mandaba en centro de zurda al vértice del área chica del segundo palo, donde “Sammy” Rivas, a pesar de su corta estatura, la bajaba con la testa justo en al manchón penal, al corazón del área, donde se encontraba Ricardo el “Snoopy” Pérez quien controló de derecha y dejándose caer, en una especie de media tijera, de volea disparaba con el mismo pie. La red se estremeció ante el lance de Zelada a su costado derecho, la bocha se metía pegada al palo, 0-1.

No fue sólo un gol, fue un puñetazo al orgullo americanista. El Azteca, que minutos antes rugía, quedó suspendido en un silencio espeso, el global se empataba, la eliminatoria ardía.


america vs chivas 1983
Ante la mejor temporada regular en la historia de América en torneos largos, Chivas tuvo la última palabra. Foto: cortesía de amp.milenio.com

El segundo golpe: Madero enciende la tormenta

América todavía trataba de recomponerse cuando llegó el segundo impacto, como una réplica sísmica imposible de contener. A través de un cobro de un tiro libre indirecto, casi desde línea de fondo, tipo “un tiro de esquina corto”, en el minuto 45+2, en los linderos del área de meta aparecieron cinco rematadores del “Rebaño” por cuatro del local y uno que resguardaba el primer palo, Quirarte se proyectó al vértice peinó y justo en medio y dentro de esa área chica, apareció Demetrio “El Negro” Madero quien controló y de inmediato se perfiló y horadó de zurda, fulminante, el balón besó la red, 0-2.

El Azteca no lo podía creer. En cuestión de dos minutos, el líder estaba contra las cuerdas. En la banca rojiblanca ya no había nervios: había fuego en los ojos. Chivas tenía la serie en la mano.


El asedio final y la sentencia

La segunda mitad fue resistencia pura. América adelantó líneas con más corazón que claridad. Centros, disparos lejanos, desesperación, pero Guadalajara defendía cada pelota como si fuera la última de su vida deportiva y cuando el reloj marcaba el minuto 88, llegó la estocada final. Samuel “Sammy” Rivas remató un balón que recorrió de lado a lado el área, le sirvió Gómez Junco desde el sector izquierdo en los albores del área y definió apenas entrando en el sector opuesto para el 0-3; el golpe definitivo, la sentencia. La explosión rojiblanca en territorio prohibido. El global 4-2 ya era irreversible. Cabe señalar que fue un gol no como una réplica, pero de una manufactura parecida al cuarto de Brasil en la Final de México 1970, que le asistió “Oh Rey” Pelé a Carlos Alberto.


La batalla después de la batalla

Una celebración provocadora de Roberto Gómez Junco frente a la banca del América, detonó golpes masivos entre jugadores y cuerpo técnico. El silbatazo final no trajo paz, trajo caos. Reclamos. Empujones. Banca contra banca. El clásico desbordado. La rivalidad sin maquillaje. Fue la imagen cruda de lo que significaba aquel enfrentamiento: orgullo herido contra orgullo reivindicado. La policía tuvo que intervenir. El Azteca ya no era estadio, era volcán.


la bronca del azteca 1983 II
En la imagen, en primer plano se aprecia el 13-Javier Aguirre, en medio y de espaldas el arquero “Zully” Ledesma y frente a él, Eduardo Cisneros. Foto: X.

Las voces tras la tormenta

En vestidores, el técnico rojiblanco Alberto Guerra, habló de carácter y convicción. Destacó que su equipo nunca dejó de creer, incluso cuando el entorno era completamente adverso.

Del lado azulcrema, Carlos Reinoso, reconoció el golpe emocional tras el primer gol y lamentó que su equipo perdiera el control del partido en los momentos clave. Fue una derrota que dolió más por el escenario que por el marcador.


El legado eterno

Aquella noche no solo definió un finalista. Encendió una rivalidad que ya era intensa y la convirtió en leyenda. Para Chivas, fue la tarde en que conquistaron el Azteca. Para América, fue la herida que alimentó futuras venganzas y para el fútbol mexicano, fue la prueba de que el Clásico de Clásicos, como se le nombraba en los 80s, no se juega, se sobrevive!.

¿La charla técnica fue la clave?

No, no hubo como tal una charla técnica sentenciadora, sino que, contado por Sergio Lugo, un protagonista de aquella épica tarde, en una entrevista que me concedió en febrero de 2022 en la ciudad de Guadalajara, me confesó que tras la derrota en la ida, los jugadores se reunieron, se encerraron, se dijeron verdades, los líderes cerraron filas y pronunciaron que la vuelta la ganarían a base de provocaciones, de guerra, de mentadas de madre al rival desde el inicio, un nivel más arriba que hombría, “picantes”, casi que mala leches, ni saludarlos de mano previo al inicio. Su compromiso fue de intimidar al rival, al final surtió efecto, eliminaron al odiado rival; sin embargo, el costo fue la gran cantidad de jugadores expulsados que no pudieron jugar la Gran Final ante el Puebla; sin embargo, así encaraba Chivas el “Clásico de Clásicos” en los 80s, como me gusta, como unos verdaderos “!hijos de puta!”, que hoy se ven menos, lastimosamente, en el Chiverío y en Selección Nacional.

Sergio Lugo y yo
El profe Lugo, de gran personalidad y sencillez, uno de los mejores laterales derechos en la historia del Guadalajara. Foto: Federico Olvera.
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