El marcador final fue Argentina 3 (4) – Francia 3 (2) en la Final de la Copa del Mundo de la FIFA Qatar 2022, jugada el 18 de diciembre de 2022 en el Estadio Lusail, en Lusail. Tras 120 minutos de vértigo y una tanda de penales que cortó el aliento del planeta, la Albiceleste volvió a tocar el cielo.

El primer trueno lo lanzó el capitán. A los 23’, Lionel Messi caminó hacia el punto penal como quien entra a una catedral: sin ruido, con fe. Engañó al destino y abrió la herida del partido. Minutos después, la contra fue un relámpago y el segundo tanto argentino cayó como una puñalada de belleza al ´36 a través de Ángel di María: la noche parecía inclinarse del lado celeste y blanco y el mundo, por un instante, creyó que la historia ya estaba escrita.


Pero el fútbol ama el drama. Francia despertó tarde y de golpe, pero se levantó: a los 80’, Kylian Mbappé clavó un penal que fue campanazo de alarma; 97 segundos después, su volea fue un grito al pecho del estadio. En un parpadeo, el 2–2 devolvió al juego al filo del abismo. El partido se volvió un animal indomable.

La prórroga trajo otra marea. Messi apareció entre rebotes para empujar el 3–2, como quien rescata un tesoro del naufragio. La gloria rozó la orilla, hasta que Mbappé, otra vez desde los 11 pasos, escribió su hat-trick imposible en el 118’. El 3–3 no fue un número: fue un juramento de que nadie se iba a ir sin dejar el alma.

Y entonces, los penales. La ceremonia del pulso y la mirada. Argentina pateó con la calma de quien aprendió a sufrir. La tanda definitiva fue un espectáculo aparte. Francia comenzó tirando, pero errores de Kingsley Coman y Aurélien Tchouaméni, sumados a la serenidad de los argentinos, Messi, Paulo Dybala, Leandro Paredes y el definitivo de Gonzalo Montiel, sellaron la victoria 4-2 desde el punto penal y desataron la locura en la tribuna y en todo un país. Cuando el último disparo argentino besó la red, el estadio se volvió un latido único: lágrimas, rodillas al suelo, un abrazo colectivo que cruzó océanos.
En la zona mixta, el técnico Lionel Scaloni habló de un grupo que nunca dejó de creer, incluso cuando el partido se les escapaba de las manos. Messi, con la voz quebrada, dijo que había esperado ese momento toda la vida; que levantar la Copa era tocar, al fin, el sueño que lo acompañó desde niño. Del otro lado, Mbappé aceptó la derrota con la frente en alto: había empujado al campeón hasta el borde del precipicio. Así se forjan las leyendas.
