El 8 de julio de 1990, en el Estadio Olímpico de Roma, Alemania Federal derrotó 1-0 a Argentina en la gran final de la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990TM para proclamarse campeón con un solitario gol desde el punto penal en un partido tenso, físico y cargado de polémica, ante una asistencia de 73,603 espectadores.

El “handicap” en la Gran Final de Italia ´90
Mientras Alemania llegaba completo, Argentina enfrentaba la final sin cuatro jugadores clave por suspensión: Claudio Caniggia, Julio Olarticoechea, Ricardo Giusti y Sergio Batista. Caniggia, Batista y Olarticoechea acumularon tarjetas amarillas, mientras que Giusti fue expulsado en la semifinal contra Italia. A continuación el detalle:
Claudio Caniggia: Delantero titular, no jugó por acumulación de dos amarillas, la segunda por una mano en semifinales contra el anfitrión Italia.
Ricardo Giusti: Centrocampista titular, expulsado también en el partido anterior frente a Italia.
Julio Olarticoechea: Lateral izquierdo titular, suspendido por tarjetas amarillas.
Sergio Batista: Mediocampista defensivo, también suspendido por amarillas.

El gol que decidió todo y encendió la polémica.
El trámite del juego fue un monólogo alemán frente a una Argentina que resistía como podía, pero el rumbo se torció definitivamente por las decisiones arbitrales. Corría el minuto 85 cuando el partido parecía condenado a un empate sin goles, reflejo de una final trabada, rocosa, friccionada y con pocas ideas ofensivas. Entonces llegó la jugada que cambió la historia: una incursión alemana terminó con Rudi Völler cayendo en el área tras un contacto con Roberto Sensini; sin embargo, las repeticiones mostraron que el defensor argentino llegó a tocar la pelota y el delantero alemán exageró la caída, una jugada brava, cuando no había VAR, pero que para las circunstancias del juego y del espectáculo se antojaba exagerado marcarla, máxime cuando en el primer tiempo, una jugada similar, en el aspecto de que al delantero argentino también lo tocó el defensa alemán dentro del área, la falta no se sancionó. El árbitro uruguayo, pero hecho en México, Edgardo Codesal no dudó, penal para Alemania.

Las protestas argentinas fueron inmediatas, desesperadas. Desde el banco hasta Diego Maradona, todos rodearon al árbitro. La jugada quedó marcada para siempre como una de las decisiones más discutidas en una final del mundo. Incluso años después, voces dentro del propio fútbol reconocieron las dudas sobre esa sanción.
Frente al balón apareció Andreas Brehme. Sereno, zurdo, frío. Carrera corta, disparo cruzado, gol. Sergio Goycochea, el “Goyco”, héroe en penales durante el torneo en fases previas, no pudo evitarlo, adivinó la intención y se estiró cuan largo era, pero la precisión del disparo fue tal que la pelota a disparo cruzado entró pegado a la base del poste, haciendo inútil el esfuerzo del arquero argentino. Alemania se ponía 1-0 y levantaba la copa a minutos del final.
Previamente, en el primer tiempo, Argentina reclamó airadamente un penal no cobrado sobre Gabriel Calderón tras una falta de Matthäus que Codesal ignoró.
Un partido áspero, de choque y pocas luces
El encuentro estuvo cargado de tensión, la final fue más batalla que espectáculo. Alemania dominó territorialmente y generó algunas aproximaciones, aunque sin una claridad contundente. Argentina, golpeada por suspensiones, lesiones y un torneo desgastante, prácticamente no inquietó el arco rival.

Además, el equipo de Bilardo terminó con nueve hombres: Pedro Monzón vio la roja directa al ´65, por una entrada a Klinsmann, la primera expulsión en una final de Mundial y Gustavo Dezotti fue expulsado cerca del final tras un forcejeo con Kohler, dejaba a Argentina con nueve jugadores.
Las infracciones, las discusiones y el juego cortado marcaron el ritmo. Fue una final dura, incluso catalogada como una de las más pobres en calidad futbolística en la historia de los Mundiales.
Reacciones: entre la bronca y la crítica
El clima tras el partido fue explosivo, el dolor era palpable. Un Diego Maradona bañado en lágrimas no se guardó nada: “Nos robaron, Codesal no tuvo el valor de ser justo”, declaró, señalando una supuesta conspiración de la FIFA para que Argentina no repitiera el título. El Diego, en una imagen que quedó grabada para siempre.
Del lado alemán, Andreas Brehme fue tajante años después: “Argentina no tuvo oportunidad de anotar, ni siquiera querían jugar”.
Por su parte, Carlos Bilardo mantuvo su línea crítica pero resignada, mientras que el técnico alemán, Franz Beckenbauer, celebró el triunfo afirmando que Alemania fue el justo ganador del torneo por su superioridad futbolística a lo largo de todo el mes.
Mientras tanto, el árbitro Codesal defendió su decisión con el paso del tiempo, aunque la polémica jamás se apagó.