El 4 de julio del 2006, el Signal Iduna Park de la ciudad de Dortmund fue testigo de la definición de la semifinal de la Copa del Mundo de la FIFA™ de Alemania, donde los locales recibieron a Italia con miras a definir al primer finalista del certamen.

Alineaciones:

Los locales arribaron a tal instancia después de dejar en el camino a Suecia, y a Argentina en un dramático partido de cuartos de final que tuvo que definirse desde los once pasos. Por su parte, la “Squadra Azzurra” tuvo un camino un tanto más tranquilo, eliminando a Australia por la mínima diferencia ya Ucrania por goleada, es una gran exhibición de Luca Toni, que anotó en dos ocasiones para sellar un contundente 3-0.
En punto de las 21:00 horas, el mexicano Armando Archundia hizo sonar su ocarina, marcando el comienzo de un histórico duelo en las Copas del Mundo, el vigente subcampeón del mundo ante una ordenada Italia, con la consigna de dar la sorpresa con una superlativa condición de visitante.
El balón rodó y el respeto mutuo se transformó en una guerra de desgaste. Alemania, impulsada por su gente y estadio que rugía como una caldera, intentaba asfixiar a una Italia que, lejos de amedrentarse, aceptó el intercambio de golpes. Miroslav Klose y Lukas Podolski merodearon el área de Buffon, pero se toparon con un Fabio Cannavaro imperial, que esa noche jugó el partido de su vida, anticipando cada intención teutona con una pulcritud casi artística.

A pesar de que el marcador se mantuvo inerte durante los noventa minutos, la tensión en las acciones hizo justicia a una antesala de final de Copa del Mundo. Ya en la prórroga, Marcello Lippi movió sus piezas audacia, mandando al campo a Laquinta y Gilardino para buscar el partido antes de uan fatídica tanda de penales. El travesaño le negó el grito de gol a Italia en dos ocasiones: primero un poste de Gilardino y luego un estallido en el travesaño tras un disparo de Zambrotta. Parecía que la suerte del anfitrión, le sonreía a los de casa.
Sin embargo, cuando el cronómetro marcaba el minuto 119, apareció la acción que dinamitó el marcador. Tras un rechace defensivo, Andrea Pirlo tomó la pelota en la frontal del área, atrajo a la marca y, sin mirar, envió un pase quirúrgico para Fabio Grosso. El lateral la empalmó de primera, colocando el balón lejos del alcance de Lehmann para desatar un festejo agónico que impuso un abrupto silencio en Dortmund.

Con Alemania volcada al ataque buscando una última acción, el contragolpe final fue la firma de autor de la “Azzurra”. Cannavaro recuperó el esférico, Totti abrió y Gilardino asistió de tacón a un Alessandro Del Piero que, con gran frialdad, la colgó en la escuadra. Aquel 2-0 no solo significó el pase a la final de Berlín; fue la caída del invicto histórico de Alemania en casa, cortesía de una Italia que supo sufrir al puro estilo de catenaccio, sello de la casa.
