La selección de Alemania Occidental se consagró campeona tras vencer por un marcador final de 3-2 al combinado de Hungría, en el partido correspondiente a la Gran Final de la Copa Mundial de la FIFA Suiza 1954TM, disputado en el Estadio Wankdorf de Berna el domingo 4 de julio de 1954.


Ante una entrada de 60,000 espectadores que desbordaron las tribunas bajo una tormenta incesante que convirtió el terreno de juego en un auténtico lodazal, una condición climática que históricamente favorecía el despliegue físico del capitán alemán Fritz Walter. El encuentro quedó grabado para siempre como “El Milagro de Berna”, debido a que los alemanes vencieron al equipo más temido del planeta, una selección húngara que llevaba más de cuatro años sin perder y que llegaba como amplia favorita al título.

El encuentro arrancó con una furia húngara ensordecedora. Apenas al minuto 6, Sándor Kocsis sacó un potente disparo en el limítrofe del área grande en pasillo central, pelota que rebotó en la defensa germana; el balón vivo fue a dar al sector izquierdo a la altura del vértice zurda del área de meta, pelota cazada por el genio Ferenc Puskás, quien con un remate raso cruzado de zurda batió las redes para poner el 1-0.
Sólo dos minutos después, al 8′, un grave error de comunicación provocó que el zaguero alemán Kohlmeyer retrasara débilmente el balón a su arquero a la altura del corazón del área; el atacante húngaro Zoltán Czibor leyó la jugada, interceptó el esférico cuando la pelota le rebotó al arquero y firmó a placer el 2-0 que parecía liquidar la tarde.
La reacción de Alemania Occidental fue inmediata y texturada por el barro de Berna. Al minuto 10, Helmut Rahn trepó por la banda en el último tercio del pasillo izquierdo, sacó un centro raso que atravesó toda el área y Max Morlock se barrió con el alma entre el agua y alcanzó a puntear y anticipar el balón ante la tardía salida del guardameta Gyula Grosics para el 2-1.
El empate llegó al minuto 18 en una jugada a balón parado: Fritz Walter cobró un tiro de esquina pasado, Grosics falló flagrantemente en su intento por cortar por alto bajo la lluvia y Helmut Rahn apareció por el segundo poste para empujar la pelota con la pierna derecha, para decretar un impensado 2-2 en menos de veinte minutos de juego. Durante el resto del primer tiempo y buena parte del complemento, Hungría generó varias ocasiones claras.
El complemento
Puskás y Kocsis estuvieron cerca de devolverle la ventaja a su selección, mientras que el arquero Toni Turek se convirtió en figura con atajadas decisivas. Del otro lado, Fritz Walter comandó los avances alemanes y Rahn siguió causando problemas con disparos de media distancia. El encuentro se volvió físico, intenso y dramático conforme avanzaban los minutos.
El destino del encuentro se definió en los minutos finales tras un ida y vuelta dramático repleto de fallas inverosímiles. El poste y el travesaño salvaron a los alemanes ante los cañonazos de Kocsis y Hidegkuti, mientras que Kohlmeyer sacó un balón de la línea de gol con el arquero Toni Turek ya vencido. Cuando el tiempo extra parecía inevitable, al minuto 84, un rechace defensivo húngaro quedó en la frontal del área; Helmut Rahn controló, recortó hacia su izquierda burlando a dos rivales y sacó un zurdazo raso al palo izquierdo que dejó estático a Grosics para firmar el definitivo 3-2 y el primer título de Copa del Mundo de la FIFA para la Selección Alemana de fútbol.
La clave
La mañana de la gran final amaneció soleada, pero antes del partido el cielo se cerró desatando una lluvia torrencial sobre Berna. Este clima era conocido como “Fritz-Walter-Wetter” (el clima de Fritz Walter), ya que al capitán alemán le encantaba jugar sobre campos húmedos.
Al ver el estado del terreno del Estadio Wankdorf, el director técnico Sepp Herberger miró a su amigo en el vestuario y le dio la legendaria orden: “Adi, screw them on” (“Adi, atorníllalos”) o en su expresión germana “Adi, ponle tapones a todos”. Dassler y los utileros equiparon rápidamente a los futbolistas alemanes con tapones más largos, ideales para clavarse profundamente en el lodo.
La ventaja decisiva en el segundo tiempo
Mientras que el histórico equipo húngaro jugaba con calzado convencional que se volvía pesado por el agua y resbalaba constantemente en las curvas, los alemanes contaban con una tracción perfecta.
La genialidad de Adi Dassler tuvo su punto cumbre durante el descanso del partido. Con el empate 2-2 y la cancha convertida en un auténtico lodazal, Dassler reunió a los jugadores en el vestuario y les cambió los tapones cortos por unos aún más largos para la segunda mitad. Esto les dio una enorme estabilidad física en el tramo final del partido. Mientras los húngaros sufrían un desgaste físico descomunal patinando sobre el fango, los alemanes se mantuvieron firmes, permitiendo que Helmut Rahn anotara el gol del campeonato al minuto 84 sin perder el equilibrio.
El inicio de un imperio
El triunfo de Alemania Federal no solo levantó el orgullo de una nación devastada por la posguerra, sino que catapultó mundialmente a la marca de las tres tiras. La final de 1954 fue el primer partido de un Mundial televisado en la historia. Ver a los jugadores alemanes levantar la copa con las botas de Adi Dassler convirtió a Adidas en una marca de culto global de la noche a la mañana
El arbitraje
El dramatismo no estuvo exento de polémica arbitral. Al minuto 87, Ferenc Puskás recibió un pase entre líneas y anotó lo que parecía el empate a tres tantos; sin embargo, el juez de línea galés Mervyn Griffiths levantó la bandera señalando un fuera de juego sumamente milimétrico y discutido, decisión respaldada por el árbitro central inglés William Ling que desató las protestas airadas de los húngaros hasta el pitazo final. La derrota fue especialmente dolorosa para Hungría, ya que llegaba invicta y había goleado 8-3 a los propios alemanes en la fase de grupos semanas antes.
Las reacciones
Tras la histórica hazaña, el estratega alemán Sepp Herberger evitó los reflectores individuales en las precarias zonas de atención a la prensa declarando firmemente: “La clave no fue la táctica, sino la mentalidad de estos hombres; jugamos como un equipo unido y el destino nos premió bajo la lluvia”. Por su parte, el destrozado capitán húngaro, Ferenc Puskás, asimiló la derrota con hidalguía pese a la polémica del gol anulado: “Fuimos los mejores durante cuatro años, pero hoy la suerte y el estado físico de los alemanes en éste terreno pesado marcaron la diferencia. Es un dolor inmenso”.

A continuación información de la Copa Mundial de la FIFA Suiza 1954TM: https://web.archive.org/web/20071209140950/http://www.fifa.com/worldcup/archive/edition=9/results/matches/match=1278/report.html

