Italia de 1934 de Vittorio Pozzo

El grito de gloria de la Azzurra en Roma: Italia venció 2-1 a Checoslovaquia y conquistó el Mundial de 1934

La Italia de 1934 del técnico Vittorio Pozzo. Foto: De archivo.

La selección de fútbol de Italia se consagró campeona del mundo al derrotar 2-1 a Checoslovaquia en la emocionante Gran Final de la Copa Mundial de la FIFA 1934TM. Éste histórico y decisivo encuentro se disputó el domingo 10 de junio de 1934 en el imponente Stadio Nazionale PNF de Roma, consolidando el primer título mundial para el conjunto anfitrión en una tarde que combinó el drama deportivo de los tiempos extra, con la intensa atmósfera política de la época.

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El parado de la Selección italiana campeona del mundo en la Copa Mundial organizada en su país, Italia 1934. Imagen: Federico Olvera.

El primer tiempo

Bajo un sol abrasador que rozaba los 40 grados centígrados, la impresionante cantidad de 50,000 aficionados abarrotó las gradas del estadio para presenciar el duelo. Durante la primera mitad, Italia intentó imponer condiciones con la conducción de Giuseppe Meazza y las constantes apariciones ofensivas de Raimundo Orsi y Angelo Schiavio, pero se encontró con una actuación formidable del arquero checoslovaco František Plánička, quien evitó en varias ocasiones la caída de su arco. La tensión creció exponencialmente en el segundo tiempo cuando Checoslovaquia generó situaciones clarísimas que pudieron cambiar el destino del torneo. La más dramática ocurrió tras un remate que se estrelló violentamente en el poste del arquero italiano Gianpiero Combi, seguido poco después por otra falla increíble de la delantera checa frente al arco vacío, perdonando la vida de los dueños de casa.

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El segundo tiempo

El marcador finalmente se inauguró en el minuto 71, congelando por completo el entusiasmo del público romano. Antonín Puč recibió el balón volcado por la banda izquierda, recortó hacia el centro eludiendo la marca italiana y sacó un potente disparo raso y cruzado que venció la estirada de Combi. El 1-0 parcial desató el nerviosismo generalizado, el silencio se apoderó por unos instantes del estadio; el anfitrión estaba contra las cuerdas y veía escaparse el campeonato, pero el cuadro de casa encontró su salvación en la genialidad de sus “oriundi” argentinos.

En el minuto 81, Enrique Guaita habilitó con precisión a Raimundo Orsi; el extremo encaró a la zaga defensiva, amagó magistralmente con la pierna izquierda y con el borde externo del botín derecho, sacó un disparo con un efecto bellísimo que superó las manos de Plánička para decretar el agónico 1-1. Este empate obligó a disputar, por primera vez en la historia de las finales del certamen, una prórroga de 30 minutos.

Los tiempos extra

El golpe anímico favoreció completamente a Italia en la prórroga; el cansancio; sin embargo, causaba estragos en ambos planteles, pero la resistencia física de los locales terminó inclinando la balanza. En el minuto 95, un disminuido Giuseppe Meazza, quien arrastraba una visible lesión en la pierna, arrastró las marcas por la banda y abrió el juego hacia Guaita, quien desbordó por derecha y envió un pase preciso al corazón del área para Angelo Schiavio, quien aguantó la marca del defensor central, giró sobre su propio eje dentro del área y sacó un remate colocado que se metió pegado al travesaño. Aquel 2-1 definitivo desató la locura colectiva en Roma, los jugadores italianos corrían hacia las tribunas celebrando el gol que prácticamente les entregaba la Copa del Mundo.

El arbitraje

En los minutos finales, Checoslovaquia intentó reaccionar, pero el desgaste físico comenzó a pesar demasiado. Italia administró la ventaja y defendió con intensidad cada balón. Hubo reclamos checoslovacos por algunas decisiones arbitrales del sueco Ivan Eklind, especialmente en jugadas de contacto dentro del área italiana, aunque nunca existió una resolución oficial sobre posibles errores graves. Años después, distintos historiadores y aficionados señalaron sospechas de presiones políticas alrededor del torneo debido al contexto del régimen de Benito Mussolini, aunque muchas de esas versiones permanecen en el terreno de la controversia histórica.

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La Italia campeona del mundo en 1934 con el saludo fascista. Foto: De archivo.

Las reacciones

Al finalizar el violento encuentro, las declaraciones en los vestidores reflejaron la inmensa carga emocional sufrida. El cerebral estratega italiano, Vittorio Pozzo, elogió conmovido el espíritu de sacrificio de sus dirigidos: “Mis muchachos jugaron con el corazón en la mano. Cuando íbamos perdiendo, la fuerza del grupo y el deseo de no fallarle a nuestra gente nos dio el empuje necesario para darle la vuelta a un partido que parecía perdido frente a un dignísimo rival”. Por su parte, el capitán y arquero checoslovaco, František Plánička, lamentó con hidalguía la falta de contundencia en los minutos clave: “Estuvimos muy cerca de la gloria eterna. El fútbol es de goles y nosotros tuvimos la oportunidad de sentenciar el encuentro con el segundo tanto antes del empate de ellos. Nos vamos con la frente en alto por haber hecho sufrir al anfitrión en su propia casa”. El arquero Plánička recibió numerosos elogios internacionales por su extraordinaria actuación pese a la derrota.

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El arquero checoslovaco, Plánička, en busca de una pelota en el juego aéreo. Foto: De archivo.
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