San Miguel 2010 25 oct 2026

Endorfina Deportiva: El veneno del marcador, la importancia de escupir el éxito

El plantel de la 2010 del Club Atlético San Miguel de la categoría de Liga Buenos Aires, luego de sacar el triunfo como visitantes 3-1 ante Deportivo Aviación. Foto: “Tati” Berardi

Existe un aforismo en el deporte que todo entrenador repite como un mantra ante los micrófonos, pero que pocos logran inyectar de verdad en las venas de sus planteles: “Ni somos tan buenos en la victoria, ni tan malos en la derrota”. En una era obsesionada con el resultado inmediato, donde un gol en el último minuto te convierte en héroe nacional o en el villano del año, la salud competitiva habita únicamente en el equilibrio emocional.

El verdadero enemigo de un deportista no es el rival de turno; es su propio ego. Cuando se gana, la euforia nubla el juicio. La complacencia se disfraza de satisfacción y los detalles técnicos empiezan a descuidarse bajo la falsa premisa de que “ganando, todo está bien”. Pero el alto rendimiento no funciona así. En el éxito toca aplicar la regla de las 24 horas: festejar esa noche y, al amanecer, limpiar la pizarra y volver a empezar desde cero.

San Miguel 2011 25 oct 2026
La categoría 2011 también ganó 3-1 éste 25 de octubre de 2026. Sólo teníamos un cambio y a pesar de que no pude asistir en calidad de su DT, salimos airosos. Foto: Walter “El Tati” Berardi.

Hace años, el laureado cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, con quien tuve la fortuna de interactuar algunas ocasiones a través de nuestro mentor en común e íntimo amigo de el, el doctor Ernesto Bolio y Arciniega, compartió una máxima que escuchó de un familiar suyo, me parece que de su abuela y que aplica perfectamente a la gestión de cualquier vestuario: “La fama toca saborearla y escupirla, sino te empacha te envenena”.

Si te tragas el éxito, te intoxica. Te hace creer infalible. En contraparte, cuando llega la derrota, la madurez no consiste en flagelarse, sino en encender la luz del laboratorio. Perder es un activo valioso si se utiliza para detectar los fallos y extraer el aprendizaje táctico.

Tanto en el triunfo como en el fracaso, la única tarea real es analizar el funcionamiento, blindar el proceso y corregir para evolucionar. El marcador final es efímero; la cultura de la excelencia es lo único que se sostiene en el tiempo. Aprendamos a saborear, a darle una probadita a los triunfos y al éxito, sólo darle una probadita, hacer unos buches sí, pero a escupirlos rápido para que el veneno del ego no nos impida ganar el próximo partido.

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