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A ras de campo: Larcamón y el regreso del ADN ganador a Cruz Azul

Cómo cambian las cosas en Cruz Azul, porque hace no mucho el equipo estaba envuelto en dudas, en ruido y en esa sensación de que todo podía venirse abajo en cualquier momento, y hoy, sin hacer tanto escándalo, sin vender humo, vuelve a ser un equipo serio, competitivo y, sobre todo, confiable, mucho de eso con el sello de Nicolás Larcamón, quien entendió rápido dónde estaba parado y qué necesitaba realmente el club.

Pero para entender este momento hay que irse un poco atrás, porque lo de La Máquina no empezó con Larcamón, sino con Martín Anselmi, un técnico que llegó cuando el equipo estaba perdido y que, hay que decirlo, le devolvió cierta identidad, lo metió a una final en el Clausura 2024 y después a una semifinal, además de dejar números bastante sólidos con 28 victorias en 50 partidos. El tema no fue lo que hizo dentro de la cancha, sino cómo se fue.

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Foto cortesia de Instagram: Martin Anselmi

Porque lo de Anselmi tomó a todos por sorpresa, en pleno torneo, con contrato vigente y con un proyecto en marcha, decidió irse al Porto, y aunque después se arregló el tema económico, la sensación fue clara: dejó tirado el proceso.

Ahí es donde aparece Vicente Sánchez, un interino que terminó haciendo más de lo que muchos esperaban, porque no solo sostuvo el equipo, sino que lo llevó a ganar la Concachampions 2025 de forma invicta, además de meterlo a semifinales en liga. Los números fueron contundentes, con apenas dos derrotas en todo el semestre, y aun así, nunca terminó de convencer.

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Foto cortesia de Fox

Y aquí es donde entra una decisión que en su momento generó ruido, porque no es común que un técnico campeón salga, pero la directiva entendió algo que muchas veces se pasa por alto: no todo es el resultado inmediato. El equipo ganaba, sí, pero no terminaba de gustar, no transmitía esa sensación de dominio o de proyecto sólido, y entonces optaron por cortar ahí y buscar algo más.

Suena frío, incluso injusto, pero, viendo lo que vino después, empieza a tomar sentido.

Porque con Larcamón, Cruz Azul no solo gana, sino que sabe cómo ganar, y eso cambia todo, debido a que hoy el equipo es segundo de la tabla, está en cuartos de final de la Concachampions y, más importante aún, dejó atrás ese viejo fantasma de las “cruzazuleadas”, porque ahora, cuando se pone arriba en el marcador, no le remontan.

Y ese dato no es menor, porque habla de un equipo que aprendió a competir, que entendió los momentos del partido y que ya no se cae ante la primera presión. Antes, Cruz Azul era sinónimo de duda en los cierres; hoy es un equipo que cierra partidos, que gestiona ventajas y que juega con una seguridad que hacía tiempo no se veía.

Además, los números respaldan el proceso, porque Larcamón tiene un 65 por ciento de efectividad en sus primeros 35 partidos, colocándose entre los técnicos más eficientes del club en los últimos años, solo por detrás de Juan Reynoso, lo cual no es poca cosa considerando la inestabilidad que ha habido en ese banquillo.

Ahora bien, tampoco hay que caer en la tentación de pensar que todo está resuelto, porque este tipo de procesos se validan con títulos, y ese será el siguiente paso para Larcamón. Ya puso al equipo en posición, ya le devolvió una identidad, ya corrigió vicios que parecían imposibles de quitar, pero en Cruz Azul, como en cualquier equipo grande, el éxito se mide en trofeos.

Eso sí, hay algo que ya es evidente y que no se puede ignorar: este equipo volvió a creer en sí mismo. Pasó del golpe que significó la salida de Anselmi, sobrevivió a la etapa de Vicente Sánchez, que aunque fue exitosa dejó dudas en el fondo, y ahora encontró en Larcamón a un técnico que no solo ordenó la casa, sino que le devolvió ese ADN competitivo que tanto se le reclamaba.

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