SANTA CLARA, CALIFORNIA — Lo ganó con oficio, con paciencia, con ese carácter que ya es marca de la casa. México derrotó 1-0 a Honduras en la semifinal de la Copa Oro 2025 para arrancar pasajes a su decimotercera final en la historia del torneo y encarar el crucial duelo ante Estados Unidos el próximo domingo en Houston.
Bajo las luces del Levi’s Stadium, ante casi 71 mil aficionados encendidos, el Tri encontró en el minuto 50 el pase a la gloria. Tras un inicio trabado y de pocas ideas claras, una combinación de paciencia y precisión terminó con un balón en las redes: Gilberto Mora condujo con decisión, abrió para Alexis Vega y este tocó para Raúl Jiménez, quien definió con frialdad con su pierna derecha para el 1-0 que marcó la noche.
Partido de pocos espacios
Los primeros 45 minutos fueron intensos pero carentes de brillo ofensivo. Honduras, auténtico en su estilo, salió con la intención de incomodar, presionar y cortar circuitos; México, por su parte, buscó con insistencia pero sin profundidad. El ímpetu catracho fue chocar una y otra vez con un muro bien ordenado por Edson Álvarez y compañía.
Las llegadas escasearon, las transiciones fueron lentas y la sensación predominante fue la de un duelo más táctico que creativo. Ni Ochoa ni Menjívar tuvieron intervenciones sobresalientes en la primera parte; sí, en cambio, se percibió el nervio típico de una semifinal.
El gol que rompió el empate
La segunda mitad arrancó con otro ritmo. México logró imponer más fútbol, juntar líneas y encontrar la espalda de los hondureños. Fue así que, al minuto 50, el gol llegó: Jiménez, con olfato goleador, recibió en el corazón del área y fusiló con precisión para poner el único tanto del encuentro.
Poco después, México creyó tener respiración extra con un tanto de Edson Álvarez tras una pelota parada, pero el VAR anuló la jugada por fuera de juego milimétrico, lo que encendió polémica entre la banca y el público.
Tramo final de nervios
Con el marcador a favor, el conjunto azteca se replegó con orden, apeló a la convicción atrás y supo aguantar la embestida hondureña, que aunque dejó todo en la cancha, nunca encontró claridad para igualar. Los últimos minutos fueron de puro corazón y resistencia, con El Tri defendiendo cada balón como si fuera el último.
Al silbatazo final, la euforia se desató: México, con más corazón que luces, estará nuevamente en la final de la Copa Oro, en busca del bicampeonato continental.