Ya empezamos a tener respuestas a nuestros planteamientos. Hasta el duelo entre Bélgica e Irán, la Copa Mundial de la FIFA ha demostrado una capacidad de convocatoria sin precedentes. De los 38 trepidantes partidos disputados en esta edición, hemos sido testigos de un rotundo éxito comercial y de asistencia, convirtiendo cada estadio en un auténtico hervidero de emociones.

Del total de estos 38 encuentros celebrados hasta la fecha, un impresionante número de 18 juegos han colgado el letrero de full house, logrando entradas a máxima capacidad. Tal y como lo expresa orgullosamente la FIFA en las pantallas gigantes de cada sede, esto representa un excepcional 47.3% de estadios completamente llenos en su totalidad. Las gradas desbordadas de color y cánticos prueban la inagotable sed de fútbol.
Esta contundente realidad contrasta de manera drástica con la distorsionada información y las bajas expectativas difundidas por casi todos los medios de comunicación en México. Semana tras semana, la narrativa mediática insistía una y otra vez en el alto costo de los boletos, pronosticando un panorama desolador de tribunas vacías y un fracaso en taquilla que resultó estar completamente alejado de la realidad.
Dentro de este éxito rotundo, hay sedes que registran números impecables. El Estadio Houston va de 3/3, bateando un porcentaje perfecto de 1000 gracias a la respuesta de sus 68,777 almas en cada cita. Por su parte, el Estadio Ciudad de México marcha con paso perfecto de 2/2, imponiendo su autoridad como el inmueble con mayor aforo del torneo al llenar sus 80,824 asientos, mientras que el Estadio de Vancouver ha hecho lo propio abarrotando sus 52,497 lugares.
¿El único lunar en esta brillante pizarra de asistencia? Un dato que resulta casi irónico: la “peor” entrada registrada en lo que va del torneo se presentó en la sede de Miami, donde el aforo reportó un impresionante 97%. Incluso en el registro más bajo de la competencia, las gradas lucen prácticamente repletas, evidenciando que el éxito en la taquilla de este torneo es un fenómeno histórico absoluto.
Hasta el momento el balance es un éxito rotundo y la tendencia apunta firmemente a la alza, considerando que ni siquiera ha terminado la segunda jornada de la fase de grupos. No cabe duda de que la FIFA ha sabido medir la estrategia a la perfección. El hecho de distribuir y dispersar el torneo en 16 ciudades distintas ha sido el gran acierto: al albergar pocos juegos por localidad, los aficionados locales no han dudado en invertir su dinero para asegurar su lugar en eventos tan vistosos y codiciados.