Cristiano Ronaldo

Enforfina Deportiva: El negocio sobre la pelota, la lección de Portugal que México debería aprender

Por: Federico Olvera

El anuncio cayó como balde de agua fría la mañana de este viernes 20: Cristiano Ronaldo no vendrá a México. El astro portugués no pisará la grama del Estadio Banorte para su reinauguración este 28 de marzo, previo a la Copa Mundial de la FIFA 2026TM. Aunque la noticia duele a la afición, lo que realmente lastima es el trasfondo de una gestión deportiva que, en nuestro país, sigue priorizando el lucro por encima de la competitividad.

La ausencia de CR7 no es un capricho; es una decisión de primer mundo. A sus 40 años, cumpliendo 41 el próximo 5 de febrero y con una lesión muscular a cuestas, tanto él como su técnico entienden que lo importante es llegar al 11 de junio al 100%. Sin embargo, la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) insistió. No les importaba la salud del jugador ni la calidad del espectáculo deportivo; les importaba que “se viera” en la cancha para justificar boletos de hasta 100 mil pesos en la reventa, vaya, la Federación no se embolsa esa reventa, pero hasta ahí llega el proceso.

En México estamos acostumbrados al glamour y al rating. Somos expertos en organizar homenajes de despedida con sabor a nostalgia y negocio. Recuerdo bien que, por allá de 2015, gente de una agencia de mercadotecnia me confirmaba la cruda realidad de nuestros federativos: “Esto es un negocio; las activaciones van para la Copa Oro, no para la Copa América”. Esa mentalidad no ha cambiado. Preferimos la comodidad económica de la CONCACAF y los dólares fáciles en Estados Unidos que el roce competitivo que daría jugar en la CONMEBOL.

Portugal nos acaba de dar una lección de integridad. No cayeron en el “chantaje” comercial de hacer viajar a su figura 12 horas para un amistoso cuando lo que necesita es rehabilitación. Mientras potencias como Argentina, Francia, Italia, Brasil, Alemania o España, entienden que el éxito económico es una consecuencia del éxito deportivo, en México invertimos la fórmula. Aquí los dueños de los clubes, que manejan los hilos de la Selección, viven en una zona de confort donde se factura como potencia pero se compite como medianía. No han entendido que la agenda debiera tener ese matiz hacia lo deportivo, para quizá algún día lograr algo grande, algo importante.

Ya basta, dirigentes. Si queremos aspirar a resultados distintos, debemos empezar a actuar diferente. El fútbol mexicano no va a crecer vendiendo espejitos y nostalgia; crecerá cuando, por una vez, la pelota sea más importante que la cartera.

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