“Dos a cero” fue la frase más repetida en los medios de comunicación tras la eliminación de la selección mexicana a manos de Estados Unidos en los octavos de final de Corea y Japón 2002; la oportunidad perfecta, un rival conocido y odiado, la derrota más dolorosa por las formas. Tras esto, la Federación Mexicana optó por el argentino Ricardo Antonio La Volpe para tomar las riendas del equipo nacional, un viejo conocido del fútbol mexicano; campeón con Atlante en la 92-93 y protagonista con Toluca y Atlas, los “Niños Héroes”, uno de los equipos más recordados en la historia moderna de nuestro fútbol.

La primera prueba del “Bigotón” fue en la Copa Oro de 2003, celebrada en México y Estados Unidos, donde sorprendió a propios y extraños tras derrotar a la invitada de lujo, Brasil, en el primer partido de la justa. Un empate ante Honduras fue suficiente para que el conjunto nacional asegurara el primer lugar de grupo; la Verdeamarela avanzó como escolta. Tras una fase eliminatoria impecable, la Selección Mexicana se alzaría con el campeonato de la CONCACAF, derrotando nuevamente por la mínima al Scratch gracias a un gol de Daniel Osorno en tiempo suplementario. El estratega argentino inició su etapa como seleccionador nacional con el pie derecho.

El Tri reafirmó su superioridad en la zona al vencer 4-0 a los de las barras y estrellas, ahora en el Preolímpico rumbo a Atenas 2004. No obstante, la primera gran interrogante del proceso llegó tras una prematura eliminación en la fase de grupos.
Ricardo Antonio caracterizó su fútbol con un estilo de juego bastante reconocible; una salida compacta, apoyándose en los laterales y medios de contención para generar superioridad numérica en la creación de jugadas, mayormente abordadas desde la zona baja del campo. A dicho estilo se le adjudicó el término “Lavolpismo”, con el sello del autor intelectual en el nombre.
Con un estilo de juego definido y una eliminatoria marchando con tranquilidad, México se dio cita en Alemania para disputar la Copa Confederaciones 2005. El gran momento futbolístico posicionó a los aztecas como uno de los principales candidatos del certamen. Una victoria sobre Japón reafirmó tal condición; posteriormente, hilaron una tercera victoria ante Brasil, que volvió a ocupar un segundo puesto del grupo por detrás de la escuadra tricolor, ahora en el segundo torneo más importante de selecciones según la jerarquización de la FIFA.

No obstante, un escándalo de dopaje saldría a la luz previo a culminar la fase de grupos. El 21 de junio de 2005, la FMF informó la baja de Aarón Galindo y Salvador Carmona debido a un positivo por norandrosterona, sustancia prohibida por organismos internacionales. La situación puso en riesgo los puntos obtenidos en la justa, así como una posible sanción por parte de la FIFA que incluso comprometía la participación de México en el Mundial del año siguiente. Sin embargo, el veredicto desde Zúrich se limitó a una fuerte multa económica; por su parte, los futbolistas fueron suspendidos un año de toda competición. Carmona fue inhabilitado de por vida en 2007 tras reincidir con la misma sustancia mientras jugaba para Cruz Azul.

La fiesta continuó en tierras germanas, México contra Argentina y Alemania ante Brasil fueron las semifinales del torneo. El viaje de los comandados por La Volpe vió su fin desde el manchón penal, con el fallo de Ricardo Osorio como protagonista.
Las destacadas participaciones del conjunto nacional le permitieron colocarse como cabeza de serie de cara al sorteo mundialista, ocupando un lugar en el bombo 1. Los rivales elegidos por el azar fueron Portugal, Angola e Irán; serían el primer escalón en el camino de la selección ante una oportunidad de hacer historia en la Copa Mundial de la FIFA™.