La primera década del siglo XXI no comenzó de la mejor manera para la Selección Mexicana. Tras la eliminación en Corea y Japón 2002 y un proceso rumbo a Alemania 2006 que dejó sensaciones encontradas, el combinado nacional entró en una etapa de inestabilidad marcada por cambios constantes y resultados irregulares. La gestión de Hugo Sánchez al frente del equipo nacional, iniciada en 2006, representó el primer intento por consolidar un nuevo proyecto; sin embargo, los golpes en torneos imposrtantes, especialmente el Preolímpico rumbo a Beijing 2008, comenzaron a generar dudas sobre el rumbo del Tri.

La Copa América 2007 significó uno de los primeros avisos. México, que había mostrado argumentos interesantes a lo largo del certamen, fue exhibido en semifinales tras caer de manera contundente ante Argentina, dejando en evidencia las carencias del equipo en escenarios de alta exigencia. A esto se sumó el fracaso en el Preolímpico rumbo a Beijing 2008, resultado que terminó por sentenciar la salida de Hugo Sánchez de la dirección técnica y abrir paso a una nueva etapa.
En junio de 2008, la Federación Mexicana de Fútbol apostó por el sueco Sven-Göran Eriksson, un técnico de prestigio internacional que asumía el reto de encaminar a la selección en plena eliminatoria mundialista. No obstante, su gestión nunca logró consolidarse. Entre resultados irregulares y un funcionamiento colectivo poco convincente, el Tri comenzó a comprometer seriamente sus aspiraciones rumbo a Sudáfrica 2010.

A la par de la eliminatoria, la ausencia en la Copa Confederaciones 2009 evidenció el retroceso del combinado nacional en el plano internacional, pues las participaciones previas fueron destacadas, incluyendo un campeonato. La eliminación en la Copa Oro 2007 había dejado a México sin la posibilidad de disputar el certamen, un contraste significativo respecto a lo mostrado en ediciones anteriores y un reflejo claro del momento que atravesaba el equipo.
El punto de quiebre llegó en 2009. Con la eliminatoria en curso y el margen de error cada vez más reducido, la Federación tomó la decisión de destituir a Eriksson el 2 de abril, tras una serie de resultados que dejaron al equipo al borde de una crisis mayor, siendo la derrota por 3 a 1 en Honduras el detonante del despido del sueco. Días más tarde, el 16 de abril, se hizo oficial el regreso de Javier Aguirre, quien asumió por segunda ocasión el cargo con una consigna clara: rescatar el proceso y asegurar la clasificación mundialista.

La llegada del “Vasco” representó un punto de inflexión inmediato. Con un equipo urgido de resultados, Aguirre logró recomponer el camino en la eliminatoria, devolviendo estabilidad y confianza a un grupo que parecía extraviado. En medio de este proceso, el estratega protagonizó un polémico incidente en la Copa Oro 2009 durante un encuentro ante Panamá, situación que derivó en una sanción por parte de la CONCACAF. No obstante, dicho episodio no frenó el momento positivo del equipo.
México encontraría en dicho torneo el impulso necesario para reafirmar su recuperación. La selección se alzó con el título de la CONCACAF tras una contundente victoria por 5-0 ante Estados Unidos en la final, resultado que no solo significó la consagración en la confederación, sino también un golpe de autoridad en uno de los momentos más complejos del proceso.

Con la eliminatoria sustancialmente revertida y el equipo con una clara mejoría, el combinado nacional logró sellar su clasificación el 17 de octubre de 2009, tras imponerse con claridad a El Salvador en el Estadio Azteca. De esta manera, México aseguró su presencia en la Copa Mundial de la FIFA™ por decimocuarta ocasión, ahora, con miras en tierras del sur de África, culminando un proceso marcado por la incertidumbre, los cambios en la dirección técnica y, una vez más, la intervención de Javier Aguirre como figura de rescate.