El Tricolor se impuso por la mínima ante un aguerrido conjunto turco en el Kenan Memorial Stadium, dejando buenas sensaciones de cara a los próximos retos internacionales.
Chapel Hill, Carolina del Norte. — Hay partidos que no se ganan triturando al rival, sino teniendo la paciencia de un relojero para encontrar el espacio exacto en el momento preciso. Así fue la victoria de la Selección Mexicana este 10 de junio de 2025 frente a Turquía. En una noche donde el Kenan Memorial Stadium se tiñó de verde, blanco y rojo, el “Tri” sacó adelante un duelo ríspido, físico y muy táctico, llevándose el triunfo 1-0 gracias a una pincelada de Orbelín Pineda.
Un primer tiempo de ajedrez y fricción
Desde el silbatazo inicial, quedó claro que los otomanos no venían a ser un simple sparring de verano. El equipo turco planteó un bloque medio-bajo muy rocoso, cerrando los carriles interiores y obligando a México a buscar las bandas sin mucho éxito.
Durante los primeros 45 minutos, el partido fue un constante choque de trenes en el mediocampo. México tenía la posesión, pero carecía de esa marcha extra en el último cuarto de cancha. Faltaba el pase filtrado, la gambeta que rompiera el molde. La defensa turca se multiplicaba, y el grito de gol se ahogaba en la garganta de los miles de paisanos que llenaron las gradas en Estados Unidos.
“El Maguito” saca el conejo de la chistera
Para la segunda mitad, México adelantó líneas y comenzó a asfixiar la salida europea. La presión alta surtió efecto. El partido pedía a gritos a alguien distinto, a un jugador capaz de inventar luz donde solo había piernas rivales, y ese hombre fue Orbelín Pineda.
El cronómetro marcaba el ecuador del segundo tiempo cuando la jugada que definió el encuentro se gestó. Tras una recuperación rápida en tres cuartos de cancha y una rápida triangulación por el sector izquierdo, el balón le quedó a Orbelín en la frontal del área. “El Maguito” no lo dudó: con un toque sutil se quitó la marca de encima, levantó la cabeza y sacó un derechazo seco, colocado, imposible para el guardameta turco. ¡Golazo de México! El estadio estalló en júbilo y el banquillo tricolor respiró aliviado.
Saber sufrir para ganar
Lejos de bajar los brazos, el gol en contra despertó a la selección de Turquía. Los últimos 15 minutos se convirtieron en una prueba de fuego para la zaga mexicana. Llegaron los centros venenosos, los tiros de esquina consecutivos y el nerviosismo lógico de los minutos finales.
Sin embargo, México demostró algo que muchas veces se le ha exigido: oficio defensivo. La línea de atrás se comportó a la altura, rechazando cada embate aéreo y cerrando los espacios con una disciplina táctica impecable. El pitazo final llegó como una recompensa al esfuerzo colectivo.
El balance: México no brilló con un fútbol total, pero ganó con inteligencia y pegada. Un 1-0 que sabe a gloria, que inyecta confianza y que demuestra que, cuando el partido se vuelve un laberinto, siempre es bueno contar con un poco de magia.