Passarella alza la Copa en 1978

Argentina campeón del mundo en una final dramática y eterna: 1978

Argentina derrotó 3-1 a Holanda en la Final de la Copa Mundial de la FIFA Argentina 1978, disputada el 25 de junio de 1978 en el Estadio Monumental de Buenos Aires, tras imponerse en tiempo extra luego de empatar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios. 

Argentina del ´78, 1 4 3 3, César Luis Menotti
Ricardo Antonio La Volpe era el tercer arquero. Cuenta en su podcast que Argentina jugaba un 4-3-3, pero en la dinámica del juego tenía la variante del 4-2-4 porque Kempes de volante se proyectaba, se adelantaba como nueve, la amplitud por las bandas la hacían con Bertoni, Houseman y por el lado izquierdo con Ortiz, mientras que Ardiles se quedaba con Gallego para hacer el doble cinco.

Situación similar que hizo el Barcelona de los 2000s que jugaba con un 4-3-3, donde Iniesta de volante se proyectaba como delantero y Xavi se quedaba como doble cinco junto a Busquets. Eso que hacía el Barcelona ya lo había hecho la Albiceleste de Menotti en la Copa del Mundo de 1978.

Un partido tenso desde antes del silbatazo

Bajo una lluvia de papelitos que cubría el césped y ante 71,483 aficionados que abarrotaron las tribunas del coloso de Núñez, para presenciar el duelo de estilos entre el fútbol ofensivo de César Luis Menotti y la disciplina táctica de Ernst Happel. Un ambiente fue hostil y cargado desde la previa. Hubo retrasos, discusiones por el vendaje en la muñeca de un jugador neerlandés, la selección argentina reclamó por un yeso en la muñeca del holandés René van de Kerkhof, alegaban que era antirreglamentario, lo que provocó que los europeos amenazaran incluso con retirarse antes de empezar; también había una presión constante de la multitud local, lo que tensó aún más el clima de una final ya de por sí histórica. El ambiente tembién era eléctrico, con una multitud que no dejó de alentar a la Albiceleste frente a una “Naranja Mecánica” que, pese a la ausencia de Johan Cruyff, buscaba revancha tras su derrota en la final de 1974.

Los papelitos de 1978
Un partido, una final que se batalló, se peleó desde antes de empezar. Foto:

En la cancha, el partido fue áspero, con muchas faltas y un ritmo cortado, típico de una final en la que el miedo a perder pesa tanto como el deseo de ganar.

La primera llegada de peligro, cuando no se cumplía aún el primer cuarto de juego, corrió a cargo por Rob Rensenbrink quien ante tiro libre indirecto por la banda izquierda en el último tercio remató, se alzó en el corazón del área y martilló seco de cabeza hacia abajo y la pelota apena se fue por el palo izquierdo.

Minutos más tarde Argentina respondería y un centro picante en el limítrofe del área penal por costado derecho, Jorge Olguín envió un centro y Daniel Passarella de zurda conectaría una volea que se iría apenas por arriba del arco del arquero Jan Jongbloed.

Al ´28 otro centro de la “Naranja Mecánica” por costado derecho quedaría suelto por la defensa argentina y a bote pronto el riflazo del delantero sería enviado a tiro de esquina por Ubaldo Fillol, una salvada espectacular.

El primer golpe: Kempes abre la historia

El marcador se abrió al minuto 37, tras una jugada trabajada. La jugada nació por sector izquierdo en el último cuarto de cancha, Osvaldo Ardiles después de asociarce, taladró entre dos holandeses y al caerse alcanzó a puntear para Leopoldo Luque quien ante la marca férrea controló con izquierda y de inmediato con derecha sirvió a Mario Kempes quien tomó la pelota en la media luna del área, con izquierda hizo un control orientado hacia el corazón del área y ante la salida del arquero, al caerse definió de zurda raso y así colocar el 1-0 que hizo estallar el Monumental. 

Kempes 1978
Mario Alberto Kempes celebraba el primero gol argentino. Foto: cortesía de AFA.

Después Argentina generó otra situación antes del colofón del primer tiempo, a través de un cobro de un tiro libre indirecto, Kempes envió un centro desde el último cuarto, sector izquierdo al segundo palo en el área de meta, Passarella arribó solo al arco, pero su remate fue a las manos del cacerbero holandés.

Antes de irnos al descanso, al ´44, Holanda tuvo una tercera clara para el empate, cuando Willy van de Kerkhof envió un centro al área desde el sector izquierdo al segundo palo del área de meta, la pelota fue rematada al vértice contrario del área chica donde entró nítido, al cerrar la pinza Rensenbrink y a boca jarro, de zurda disparó de primera, pero Fillol achicó perfecto para resguardar el primer palo por abajo y evitar el empate.

Paradón de Fillol
El paradón de Fillol ante la inminente caída de su marco. Foto: AFA

Argentina dominaba con intensidad, pero no lograba liquidar el partido y Holanda había generado tres de peligro en el primer tiempo. Holanda, fiel a su estilo, comenzó a crecer en el complemento. Ambos equipos generaron situaciones que pudieron ser más, pero que quedaron en amenazas nada más.

Holanda responde

Cuando parecía que el título se quedaba en casa, llegó el golpe inesperado. Al minuto 81, Dick Nanninga empató el partido con un certero cabezazo, silenciando momentáneamente el estadio. La jugada nació por banda izquierda, en la frontal del área Argentina se vino un centro por elevación al costado derecho del área grande donde controló Willy van de Kerkhof y envió un centro al corazón del área donde entró con determinación el recién ingresado Dick Nanninga para rematar seco y mandar la pelota al fondo de las redes y poner el empate a uno.

Pero el momento más dramático vino después: ya sobre el final, en pleno minuto 90, el neerlandés Rob Rensenbrink estuvo a centímetros de hacer el gol del campeonato, pero su disparo se estrelló en el poste. Una jugada que pudo cambiar la historia del fútbol. La jugada nació en cobro de una falta, un pase largo desde el círculo central, que la defensa argentina no fildeó, la pelota botó y se internó en línea de fondo por el sector izquierdo del área donde alcanzó a puntearla Rob ante la salida de Fillol, pero el esférico no quiso entrar, así nos fuimos a los tiempos extra.

La prórroga: el corazón albiceleste

En el tiempo extra, Argentina encontró fuerzas donde parecía no haberlas. Al minuto 104, nuevamente Kempes protagonizó una jugada caótica dentro del área: tras varios rebotes y forcejeos, logró empujar el balón para el 2-1, desatando la locura total. La jugada fue por banda izquierda, Passarella cobró de zurda un tiro libre indirecto, a través del juego directo encontró a Bertoni quien con una marca pegajosa logró controlar, para ceder en diagonal en el ligeramente sector izquierdo del área, a un Mario Kempes que entrada como ráfaga, superó dos rivales y ante la salida del arquero, la pelota le rebotó a Jan Jongbloed y ante el acecho por el esférico de dos neerlandeses Kempes alcanzó a ganarles, la punteó y se internó dramáticamente para el 2-1 de los locales.

Kempes segundo gol
El segundo gol del “Matador”, el gol de la gloria. Foto: AFA

Con Holanda ya volcada al ataque, llegó el golpe final. Al 115’, Daniel Bertoni definió para el 3-1 definitivo, sentenciando la final y el primer título mundial para Argentina. Una jugada que en el último cuarto, pasillo central, ligeramente cargado a la zona izquierda, Bertoni le cedió a Kempes que entraba por el centro, controló, condujo, taladró frente a la media luna donde, al saltarle el primero rival, intentó una pared con Bertoni, pero la pelota rebotó Bertoni y luego en Kempes, quedó suelta y Bertoni, quien había acompañado la jugada, quedó perfilado de derecha para sentenciar cruzado. Bertoni la había buscado durante todo el juego, un merecido final para el delantero con el cuatro en los dorsales.

Aunque no hubo un error arbitral decisivo claro en el resultado, el contexto general de tensión y polémica marcó el desarrollo del encuentro. 

Reacciones tras el partido

El clima posterior fue tan tenso como el juego. Los jugadores neerlandeses, molestos por diversas situaciones del partido, incluso decidieron no asistir a la ceremonia de premiación. 

Del lado argentino, la victoria fue celebrada como una hazaña histórica: no sólo significó el primer título mundial, sino también la consagración de Kempes como figura del torneo.

La final de 1978 no fue sólamente un partido de fútbol: fue un duelo cargado de tensión, dramatismo y momentos decisivos que quedaron grabados para siempre. Entre el talento de Kempes, el infortunio de Holanda con varias situaciones de gol creadas que no concluyeron en gol y el empuje de una multitud, Argentina escribió una de las páginas más intensas en la historia de los mundiales.

Passarella alza la Copa en 1978
El capitán Daniel Alberto Passarella alza la Copa del Mundo, por primera vez en la historia para la Selección Argentina. Foto: Getty images.
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