Pele celebrating 1970

El triunfo de la magia: Brasil Conquista el Tricampeonato en el Azteca en México ´70

La tarde del 21 de junio de 1970, el mundo del fútbol se detuvo para presenciar el duelo de titanes entre Brasil e Italia, quienes disputaron la Gran Final de la Copa Mundial de la FIFA México 1970TM. En un Estadio Azteca que se rindió ante la “Canarinha”, la Selección de Brasil se impuso con un contundente marcador final de 4-1, para alzar así su tercer trofeo mundial y quedarse con la Copa Jules Rimet en propiedad.

Brasil del ´70, 1 4 4 2, Mario Zagallo
Imagen: Federico Olvera.

Aquella tarde, el mundo fue testigo de una de las exhibiciones más recordadas en la historia del fútbol. Ante una multitud de 107,412 espectadores, el ambiente en el Azteca era electrizante.

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Las escuadras Brasileña e Italiana antes de iniciar la Gran Final. Foto: X @golsdcopa

En los primeros 15 minutos, los italianos crearon las primeras tres situaciones del compromiso, con Luigi Riva como protagonista, el delantero tuvo tres, un riflazo de zurda desde fuera del área, posterior a un control orientado muy vistoso, un disparo que llevaba lumbre y que con trabajos el arquero Félix envió a tiro de esquina, otro disparo más dentro del área por sector izquierdo y otro fue un remate de cabeza del mismo Riva a raíz de un cobro de tiro libre por sector izquierdo, Riva entró desde atrás por sorpresa y apareció solo en el área, sin marca, remató, pero la pelota se fue por arriba del arco de Félix, se diluía una gran oportunidad.

Sin embargo, luego de esa asfixia inicial, Brasil impuso su estilo ofensivo, mientras Italia apostaba por su tradicional solidez defensiva. El primer golpe llegó al minuto 18: Rivellino recibió un saque de banda en el último tercio, de inmediato, de bote pronto envió un centro bombeado desde la banda izquierda que Pelé, con un salto prodigioso que pareció suspenderlo en el aire, conectó un potente cabezazo que dejó sin opciones a Albertosi, el arquero italiano.

La ventaja; sin embargo, no duró hasta el descanso. Al minuto 37, un error en la salida de Clodoaldo, que quizó jugarla de fantasía, permitió que Roberto Boninsegna interceptara el balón, eludiera al portero Félix y definiera con la izquierda para el empate transitorio. Fue un gol como consecuencia de esa presión, el acoso del delantero en la salida de la “Verdeamarela”.

En la segunda mitad, Brasil desató su mejor versión. Al minuto 66, Gérson aprovechó un balón suelto fuera del área y sacó un disparo potente y colocado que se incrustó en la portería italiana. El gol devolvió la ventaja y comenzó a inclinar definitivamente la balanza.

En el segundo tiempo, la jerarquía brasileña desató su mejor versión, empezaron a generar situaciones, centros picantes, uno de Carlos Alberto que Pelé no alcanzó a cerrar la pinza, un tiro libre que Rivellino la impactó en el horizontal, también hubo un contragolpe italiano que estuvo cerca de concretar; sin embargo, al minuto 66Gérson, luego de crearse el espacio, sacó un zapatazo potente cruzado de zurda desde fuera del área, en los albores de la media luna, que se incrustó pegado al poste, recuperando la ventaja.

Cinco minutos después, al 71, el propio Gérson lanzó de zurda un servicio largo desde la banda izquierda a la altura del medio campo, trazo que Pelé bajó de cabeza en sector del segundo palo en el vértice del área de meta, para Jairzinho, quien atropelló a la defensa italiana y empujó el balón a las redes para el 3-1 y así marcar en su sexto partido consecutivo del torneo.

El cuarto gol, la cereza del pastel, llegó al minuto 86 y quedó grabado como una obra maestra del fútbol colectivo. Tras una secuencia de pases precisos que iniciaron en la línea de banda por sector izquierdo, un pase de zurda de Rivellino quien encontró a Jairzinho en el último tercio, éste controló y de inmediato interiorizó, cedió a Pelé quien justo en la frontal del área, paró, hizo una pausa y esperó con paciencia el arribo de Carlos Alberto Torres, quien llegó desde atrás a toda velocidad para conectar un derechazo cruzado potente, justo en la entrada del sector derecho del área penal, disparo que fusiló y que selló el 4-1 definitivo. Fue el broche de oro de una jugada icónica.

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Carlos Alberto, defensa brasileño incorporado al ataque, conectó tremendo zurdazo cruzado que selló la supremacía brasileña aquella tarde en el “Coloso de Santa Úrsula”. Foto: X @golsdcopa

El encuentro no estuvo exento de tensión. Por parte de Brasil, se generó controversia justo al final del primer tiempo, cuando el árbitro alemán Rudi Glöckner pitó el final justo cuando Pelé enviaba el balón a la red; a pesar de las airadas protestas brasileñas, el silbante se mantuvo firme en que el tiempo había expirado antes del remate.

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El 11 de la “Canarinha” campeón de la Copa Mundial de la FIFA de México ´70. Foto: X @golsdcopa

Tras el pitazo final, la resignación italiana fue total. El defensor Tarcisio Burgnich, encargado de marcar a “O Rei”, declaró con asombro: “Me dije antes del partido: ‘Pelé es de carne y hueso como yo’, pero estaba equivocado”. En el lado italiano, el seleccionador Ferruccio Valcareggi reconoció la superioridad del rival y señaló el desgaste físico como un factor clave tras la exigente semifinal. Por su parte, el técnico Mario Zagallo celebró el arte de sus “cinco dieces” (Jairzinho, Gérson, Tostão, Pelé y Rivelino), consolidando a este equipo como uno de los más grandes de la historia.

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Pelé a sus 30 años y el tercer título de Brasil en la historia de las Copas Mundiales de la FIFA. Foto: X @golsdcopa
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