Durante los últimos años, el fútbol mexicano ha perdido significativamente figuras dentro de la élite del fútbol mundial, y si nos detenemos a analizar el panorama histórico de nuestro balompié, son realmente pocos los elementos nacionales que lograron consolidarse entre los mejores del mundo. Rafael Márquez probablemente fue el último en dicho grupo, liderando la zaga defensiva del Barcelona, el mejor equipo del mundo en ese entonces, y remontándonos un tanto más en el pasado, aparece Hugo Sánchez, el mejor goleador del mundo en su época y uno de los mejores jugadores de la historia, quizá el pico más alto de nuestro fútbol en lo que al nivel individual respecta.
En la actualidad no hay ningún futbolista mexicano “top”; si bien existen jugadores de jerarquía en equipos europeos, ninguno destaca por ser el mejor en su posición, ni siquiera se acerca a una selección entre los mejores del mundo. Esto no es necesariamente algo negativo, pues es plausible que existan profesionales de nuestro país dentro del fútbol de alta competencia; además, salvo notables excepciones, no se está muy lejos del estándar histórico.
Lejos de esa realidad aparece César Ramos, árbitro mexicano consolidado dentro de la élite internacional, con una trayectoria impecable en el fútbol nacional y un prestigio construido a partir de constancia, personalidad y presencia en los escenarios más importantes del mundo. El silbante oriundo de Culiacán es constante en finales de la Liga MX, partidos importantes de Concachampions, Mundial de Clubes e incluso, regularmente es solicitado por ligas del extranjero, especialmente en Asia.
Dentro de las competencias de selecciones, su currículum roza lo envidiable, dirigiendo los torneos de naciones más importantes del mundo, incluida, evidentemente, la Copa Mundial de la FIFA™️, con siete designaciones como árbitro central en las dos ediciones a las que ha asistido: Rusia 2018 y Qatar 2022, donde fue el encargado de impartir justicia en la semifinal entre Francia y Marruecos.

Por naturaleza, el arbitraje es objeto de cuestionamientos; al ser la autoridad en medio de un enfrentamiento competitivo, las decisiones, sanciones y gestión del juego siempre serán reprobadas por los dirigidos, situación que propicia que el ejercicio de la profesión sea desvirtuado, generando una percepción de inmoralidad. Es por esa razón que reconocer a las figuras dentro de ese gremio resulta algo impensable, pese a que es una actividad regida por los valores más genuinos del deporte, cuyo objetivo es acercarse a la inalcanzable justicia.
Bajo esa sombra se encuentra Ramos; sin embargo, aplaudir el lugar que tiene dentro del deporte de nuestro país es necesario, pues la representación de César es la mejor carta que tiene nuestro fútbol ante el mundo y, de cara a la próxima Copa del Mundo, la oportunidad más real de tener un rostro mexicano en una fase importante.
“A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias. Los hinchas tendrían que inventarlo si él no existiera. Cuánto más lo odian, más lo necesitan.”
— Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra (1995)