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Gol de Autor: Irán, la historia más honorable de la Copa Mundial de la FIFA 2026

Ya ha comenzado la ronda eliminatoria de la Copa Mundial de la FIFA 2026, misma que no tardó en dejarnos historias propias de cada justa mundialista, desde México y su fase de grupos impecable, Curazao con el primer gol mundialista de su historia o Cabo Verde consolidándose como la gran cenicienta del torneo. Sin embargo, fuera de los resultados positivos del lado estrictamente deportivo, se encuentra Irán, probablemente la selección más afectada por la logística y la inevitable politización radical del futbol.

Hablar del deporte como instrumento político no representa ninguna novedad. El Mundial de Argentina 1978 quedó marcado por la utilización propagandística de la dictadura militar, los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 funcionaron como escaparate del régimen nazi y los boicots a Moscú 1980 y Los Ángeles 1984 evidenciaron que las disputas entre gobiernos podían trasladarse hasta los grandes escenarios deportivos. No obstante, incluso en aquellos episodios, el conflicto rara vez irrumpía de manera tan directa en la competencia, pues el espectáculo continuaba desarrollándose bajo una relativa igualdad de condiciones, permitiendo que la confrontación política permaneciera, hasta cierto punto, al margen del desarrollo deportivo.

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Foto: Getty Images

El caso de Irán rompe con dicha lógica. La selección iraní disputa la Copa Mundial de la FIFA 2026 mientras su país permanece bajo ataque, una circunstancia que trasciende lo estrictamente simbólico para incidir directamente en la preparación competitiva del equipo. La incertidumbre permanente sobre la situación de sus familias, aunada a las restricciones migratorias derivadas del conflicto, obligó a la delegación a establecer su concentración en Tijuana, desde donde debía cruzar la frontera únicamente para disputar sus compromisos mundialistas, además de enfrentar retrasos en la expedición de visados que impidieron la incorporación oportuna de integrantes de su cuerpo técnico y personal de apoyo. La geopolítica dejó de ser un elemento externo para convertirse en un condicionante competitivo que ninguna otra selección tuvo que afrontar durante el torneo. Reuters documentó las críticas de la federación iraní hacia la FIFA por la falta de coordinación en los visados, mientras diversos jugadores, entre ellos Mehdi Taremi, cuestionaron públicamente las condiciones bajo las cuales se vieron obligados a competir.

En ese sentido, la participación de Irán trasciende el análisis meramente futbolístico. Estados Unidos no sólo funge como país anfitrión de esta Copa del Mundo, también participa en el conflicto que hoy condiciona la realidad de la selección iraní, una contradicción que inevitablemente pone en entredicho uno de los principios fundamentales sobre los que descansa cualquier competencia internacional: la igualdad de condiciones. Resulta difícil sostener el discurso institucional de neutralidad que históricamente ha defendido la FIFA cuando una selección debe preparar el torneo más importante del planeta bajo circunstancias logísticas, migratorias y emocionales radicalmente distintas a las del resto de participantes.

Irán quedó fuera en la fase de grupos. La estadística reducirá su participación a tres empates y una eliminación prematura, del mismo modo en que el futbol contemporáneo suele resumir procesos complejos a un simple resultado. Sin embargo, limitar su Mundial a esa lectura implica desconocer el contexto bajo el cual compitió una selección cuya principal preocupación nunca estuvo exclusivamente en la cancha, sino en un conflicto que condicionó su preparación, su estabilidad y su desempeño desde antes del silbatazo inicial.

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Foto: Reuters

Quizá esa termine siendo la mayor enseñanza que deje el paso de Irán por esta Copa Mundial de la FIFA 2026. Más allá de los resultados, su participación expone los límites del discurso que insiste en separar al deporte de la política, pues cuando las decisiones geopolíticas alteran directamente las condiciones bajo las cuales compite una selección, la neutralidad deja de ser un principio para convertirse en un simple recurso institucional. Ningún país, independientemente de su bandera o del conflicto que atraviese, debería disputar un Mundial en semejantes circunstancias. Porque cuando factores completamente ajenos a la cancha terminan condicionando la competencia, es el propio futbol el que termina perdiendo.

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