El pasado jueves 9 de abril la FIFA presentó la lista de árbitros para la Copa Mundial de la FIFA 2026™, conformada por 52 árbitros, 88 asistentes y 30 asistentes de vídeo. Para dicha edición, México tendrá representación por parte de siete jueces, dos de ellos árbitros centrales, cortesía de Cesar Arturo Ramos Palazuelos y Katia Itzel Garcia, la promesa del arbitraje mexicano objeto de polémica en días recientes a causa de su designación.

La polémica gira en torno a qué tan preparada está Katia para dirigir en la justa mundialista, relegando de esta posibilidad a otras figuras del arbitraje mexicano, como Marco Ortiz “Gato”, quien pareciese merecer dicha oportunidad.
Por supuesto que Ortíz merece ser árbitro mundialista, pues casi una década como árbitro del máximo circuito, múltiples finales del fútbol profesional mexicano y un estilo bastante reconocible en su manejo de partidos lo avalan. Además, cumple con lo que, según la FIFA, se ha considerado para las designaciones. De acuerdo con su portal oficial, las consideraciones fueron las siguientes: “Las designaciones se han basado en el principio tradicional de la FIFA de priorizar la calidad por encima de todo. Asimismo, se tuvo en cuenta la regularidad del rendimiento mostrado por los candidatos en torneos de la FIFA, así como en otras competiciones nacionales e internacionales de los últimos años”.
Si bien Marco cumple perfectamente con los estándares propios de un juez de élite, también deben contemplarse los factores desfavorables al emitir un juicio, pues no está exento de errores, como cualquier silbante. En ese sentido, tampoco se puede ignorar que su perfil reciente ha estado rodeado de episodios cuestionables. Por ejemplo, tras un duelo entre Sporting Kansas City e Inter Miami en CONCACAF, donde el silbante mexicano le solicitó la playera a Lionel Messi, lo cual fue interpretado como una falta de profesionalismo, se suma a decisiones que han generado debate sobre su conducta en momentos de tensión. Situaciones que, más allá del error puntual, terminan por pesar en un contexto donde la FIFA no solo evalúa capacidad técnica, sino también control, comportamiento y consistencia.

Por su parte, Katia Itzel, constante figura de señalamientos desde que se oficializó su participación, no se encuentra exenta de dichas fallas. Aunado a esto, su bagaje en el circuito profesional es sustancialmente menor al de Marco, pues, hasta abril de 2026, ha dirigido 24 partidos en Liga MX, apenas uno de ellos en fase final, números contrastantes con los de Ortiz, quien cuenta con más de 150 apariciones en Primera División.
Sin embargo, y pese a la clara inferioridad en experiencia, la silbante ha incursionado en el ámbito internacional desde hace ya varios años, dirigiendo partidos en torneos con límite de edad en ramas varonil y femenil, factor importante para entender su designación para la justa mundialista, pues es una oficial de confianza para los máximos organismos del fútbol.
Dentro de los cuestionamientos mediáticos que tal polémica ha generado, surge una pregunta que apunta a una cuestión de género: “¿si se tratase de un juez hombre, serían méritos suficientes para ir al Mundial?”. No, probablemente no, pero el enfoque de la discusión no debe radicar directamente en comparar méritos como si de una competencia o candidatura se tratara, pues el desarrollo del arbitraje debe primar y, partiendo de esa base, es más adecuado establecer conclusiones.
Dentro de los criterios de la Federación Internacional de Fútbol mencionados anteriormente, se hace cita de una declaración de Pierluigi Collina, Jefe de Árbitros de la FIFA: “Se han seleccionado seis árbitras, lo que mantiene la tendencia iniciada hace cuatro años en Catar, en nuestro empeño por seguir desarrollando el arbitraje femenino”.
Únicamente una mujer ha dirigido un partido de Copa Mundial de la FIFA™ como árbitra central en toda la historia. Hoy, Katia Itzel es una de las dos jueces seleccionadas para este año, con posibilidad de sumarse a dicha marca histórica; por tanto, abrir debate ante tal oportunidad para el arbitraje femenino es, por demás, inadecuado, pues tal designación es una vitrina más que importante para abrir paso, en un futuro, a más mujeres silbantes en una industria donde su participación apenas está marcando precedentes. Los juicios son y serán necesarios para valorar el trabajo hecho; pese a ello, para emitirlos, es necesario evaluar hechos, no especulaciones.
