United 2026: El Mundial de las guerras y fronteras cerradas

Nos vendieron la idea de un torneo de unidad, de tres naciones hermanadas bajo un mismo balón. Pero la realidad geopolítica de 2026 ha destapado la cara más cínica del deporte rey.

La doble moral de la FIFA ¿Recuerdan cuando el fútbol dijo «No a la Guerra»? Rusia fue borrada del mapa deportivo por invadir a su vecino. Hoy, aviones con bandera de barras y estrellas intervienen en Caracas, pero la FIFA no habla de sanciones, habla de “los business”. La regla es clara: si el agresor pone el dinero, no hay tarjeta roja, ni siquiera amarilla.

México: La diplomacia del rehén En este escenario, México pone la casa, la comida y la fiesta. Pero es un invitado en su propio torneo. Con una Venezuela asediada, México tiene que sonreír para la foto con el vecino del norte, tragándose la solidaridad latinoamericana. Es la diplomacia del rehén: si México alza la voz, el gigante cierra la frontera.

Fútbol «para todos» (los que tengan la visa correcta) La FIFA dice «El fútbol es para todos». Pero intenta pedir una visa para entrar a ver la final en Nueva York si naciste en Teherán o en Caracas. Mientras los jugadores iraníes corren en la cancha, sus familias son interrogadas en cuartos sin ventanas en el aeropuerto JFK. Y a pocos kilómetros de los estadios en Texas, las redadas migratorias no paran por el fútbol; de hecho, se intensifican para «limpiar la imagen».

La gentrificación de la grada El Mundial de 2026 no es para el aficionado que ahorró cuatro años. Es para el ejecutivo de Silicon Valley. Con boletos promedios impagables para el latinoamericano común, los estadios estarán llenos, sí… pero de turistas corporativos, no de hinchas.

El fin de la ironía Y la cereza del pastel: la foto final. El hombre que ordena los ataques recibe el premio de la paz del fútbol. La ironía murió en 2026. La FIFA no protege el juego, protege al poder. El balón no se mancha, dicen… pero este mundial se juega sobre un charco de petróleo y sangre.

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